Iker Jiménez entrevista a Doña Elvira, personaje de "El beso".

Hoy, en el programa de Leyendas del milenio tendré el gusto de presentarles a Doña Elvira de Castañeda, una personaje de la obra El beso, publicada entorno al año 1863 y escrita por Gustavo Adolfo Bécquer, un majestuoso poeta y narrador español que perteneció al movimiento del Romanticismo.

- Buenas noches Doña Elvira, ¿nos podría dar una pequeña descripción sobre qué fue lo que vio cuando se acercaba aquel grupo de personas?
* Buenas noches, como tú muy bien sabes yo me encontraba alojada en una vieja y abandonada Iglesia, en la conquistada ciudad de Toledo. Debido a la oscuridad de la noche y la escasez de luz, yo solo llegue a contemplar un grupo de sombras que acercaban a mi lugar de residencia, pero eso es todo lo que pude ver.

- Por casualidad, ¿supiste de que nacionalidad eran?
* Sí, llegaron hablando con voz muy alta, al límite de chillar. Gracias a eso pude apreciar que eran nuestros grandes rivales, los franceses.

- ¿Es verdad, según se rumorea, que pasaste esa noche con el capitán del grupo?
* Cierto es. Esa noche la pasamos charlando, y a pesar de que él sabía que yo era la estatua de mármol de una tumba, continuaba alagándome diciendo cosas como que era hermosa.

- ¿Los amigos del capitán lo creyeron?
* No, ocurrió totalmente lo contrario. Se burlaron de él puesto que argumentaban que eso era imposible, por lo que el capitán, harto de tanta burla, los invitó a unas copas de Champán por la noche y los llevó a todos a conocerme.

- Discúlpeme el inciso, pero... ¿de quién era la estatua que estaba su lado?
* La estatua correspondía a mi amado marido.

- ¿Que sucedió cuando los soldados se emborracharon y fueron hacia donde se encontraba usted?
* Ocurrió algo muy trágico, inesperado y que... Bueno, mejor le cuento la historia al completo.
Ya era más de medianoche y los franceses se acercaban hacia mi. Se les veía que estaban bastante bebidos, por lo que me supuse lo peor. El capitán, alardeando de que me conocía escupió la bebida en la cara de mi marido, diciéndole que era para que bebiese y afirmando estar enamorado de mi. Segundos más tardes se dispuso a besarme, pero de repente, vi al capitán tirado en el suelo, sangrando por los ojos, nariz y boca, y la cara completamente destrozada. Yo, desconcertada, no sabía lo que había pasado, aunque guiándome por los que lo vieron, todo apunta a que mi marido le dio un guantazo con su guante de mármol, para evitar que rozara mis labios.

 - Perdóneme que beba un trago de agua, pero es que la historia es verdaderamente conmovedora. Bueno, continuemos con la... ¡Oiga! ¡Doña Elvira! ¿Pero a dónde se va?
 * Lo siento Iker, pero ya amanece y no quiero que mi marido despierte y note mi ausencia a su lado, no me agradaría volver a vivir otro momento trágico a causa de sus celos, como el que acabo de relatar. Disculpas...

-  Excusen las molestias, pero hasta aquí ha llegado el programa de hoy. Nos vemos el próximo sábado a la misma hora, pero... ¡Con más y mejor!

















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