Texto narrativo de Bécquer
Encontramos un final diferente a la leyenda de la cueva de la mora entre los papeles de Adolfo Bécquer.
Fue encontrado por los investigadores de nuestra revista, los mejores.
Para el que no lo sepa esta leyenda de Adolfo cuenta la historia de amor entre un cristiano y una mora. El caballero luchaba hasta que un día calló preso y lo encerraron ahí con la mora y se enamoraron el uno del otro. Este es el supuesto final de la leyenda:
La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que una vez rendida la fortaleza buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio: sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río.
Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y resonó un grito.
Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparado sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.
La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su corazón; y conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban; volvió los ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía, y sin acercársela a los labios, preguntó a la mora: -¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo? La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso.
Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo, entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.
Ahora pasamos al final alternativo encontrado:
La mora sabía que aquello tenía una salida directa al río para coger agua, pero no podía arriesgarse a salir y dejar morir a su amado o incluso morirse ella porque casi todo estaba lleno de soldados moros con ansias de sangre y de dar caza a el caballero que quedaba que era él, Luis, su amado entonces pensó un instante que como aquello era una cueva habría agua por algún sitio, ella se adentró en ella y al fondo vio el resplandor de lo que parecía un pequeño charco de agua, esto fue para ella un milagro que venís directo para ellos, no se lo pensó dos veces y llenó el casco de su amado de esa agua y se lo dio.
Él ya había tomado el agua y se encontraba mejor y ella comoj tenía conocimientos de la naturaleza, con unas hojas le cubrió las heridas y esperaron ahí
Estuvieron en esa cueva mucho pero que mucho tiempo mientras Luis se recuperaba y conseguían comida como podían, ya que el agua sabían dónde estaba.
A los meses, dos o tres, cuando ellos ya estaban bien y la mora Yamila se había quedado embarazada irrumpieron en su cueva cuatro soldados moros a llevárselos, eso hicieron y no sólo se los llevaron sino que también los separaron porque los querían vender cada uno a un duque diferente para que los sirvieran. A Yamila se la llevaron a Galicia y a Luis se lo llevaron Córdoba. Estuvieron muchos años sirviendo a los duques hasta que estos se murieron y pudieron escapar.
Yamila todavía seguía pensando en Luis así que se fue a Córdoba donde había escuchado que estaba, una vez allí ella y su hijo Darío buscaron por todas partes hasta dar con el. Claro está que con el paso de tantos años habían envejecido y Luis estaba enfermo, lo bueno fue que conoció a su querido hijo Darío.
A los pocos días Luis estaba en sus últimas horas de vida pero aún así Yamila decidió casarse con él y hacerse cristiana, el cura los casó en su casa porque Luis ya no podía más, en el beso final Luis se fue para siempre y Yamila en ese mismo instante cogió una pequeña navaja que llevaba siempre su marido en el bolsillo y se la clavó en el corazón sin pensárselo dos veces por amor, por estar toda la eternidad con el.
Para el que no lo sepa esta leyenda de Adolfo cuenta la historia de amor entre un cristiano y una mora. El caballero luchaba hasta que un día calló preso y lo encerraron ahí con la mora y se enamoraron el uno del otro. Este es el supuesto final de la leyenda:
La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que una vez rendida la fortaleza buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio: sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río.
Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y resonó un grito.
Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparado sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.
La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su corazón; y conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban; volvió los ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía, y sin acercársela a los labios, preguntó a la mora: -¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo? La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso.
Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo, entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.
Ahora pasamos al final alternativo encontrado:
La mora sabía que aquello tenía una salida directa al río para coger agua, pero no podía arriesgarse a salir y dejar morir a su amado o incluso morirse ella porque casi todo estaba lleno de soldados moros con ansias de sangre y de dar caza a el caballero que quedaba que era él, Luis, su amado entonces pensó un instante que como aquello era una cueva habría agua por algún sitio, ella se adentró en ella y al fondo vio el resplandor de lo que parecía un pequeño charco de agua, esto fue para ella un milagro que venís directo para ellos, no se lo pensó dos veces y llenó el casco de su amado de esa agua y se lo dio.
Él ya había tomado el agua y se encontraba mejor y ella comoj tenía conocimientos de la naturaleza, con unas hojas le cubrió las heridas y esperaron ahí
Estuvieron en esa cueva mucho pero que mucho tiempo mientras Luis se recuperaba y conseguían comida como podían, ya que el agua sabían dónde estaba.
A los meses, dos o tres, cuando ellos ya estaban bien y la mora Yamila se había quedado embarazada irrumpieron en su cueva cuatro soldados moros a llevárselos, eso hicieron y no sólo se los llevaron sino que también los separaron porque los querían vender cada uno a un duque diferente para que los sirvieran. A Yamila se la llevaron a Galicia y a Luis se lo llevaron Córdoba. Estuvieron muchos años sirviendo a los duques hasta que estos se murieron y pudieron escapar.
Yamila todavía seguía pensando en Luis así que se fue a Córdoba donde había escuchado que estaba, una vez allí ella y su hijo Darío buscaron por todas partes hasta dar con el. Claro está que con el paso de tantos años habían envejecido y Luis estaba enfermo, lo bueno fue que conoció a su querido hijo Darío.
A los pocos días Luis estaba en sus últimas horas de vida pero aún así Yamila decidió casarse con él y hacerse cristiana, el cura los casó en su casa porque Luis ya no podía más, en el beso final Luis se fue para siempre y Yamila en ese mismo instante cogió una pequeña navaja que llevaba siempre su marido en el bolsillo y se la clavó en el corazón sin pensárselo dos veces por amor, por estar toda la eternidad con el.
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